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Idioma: ESFREN

El sentido último

Recientemente acabé de leer un libro que me regaló un gran amigo, cuyo nombre es “When breath becomes air”, de Paul Kalanithi. Es un libro cargado de fuerza, demoledor, lleno de esperanza y madurez, y sin duda crudo en su contexto. Está escrito por el protagonista de la historia, un joven neurocirujano con una carrera brillante en Estados Unidos, que tras obtener diversos grados universitarios decide adentrarse en la Medicina para finalmente escudriñar los misterios de la mente como neurocirujano. Sometido a una dura formación de casi 10 años, cuando está a punto de finalizar la misma, es diagnosticado de cáncer de pulmón en estadio avanzado. El autor narra cómo durante gran parte de su vida ha buscado encontrar qué es aquello que da sentido a la vida de las personas, o hace a las mismas creer que su vida lo tiene, y por ello decide buscar respuestas en la raíz donde radica la persona: la mente. Considera que es en la relación médico-paciente ante la enfermedad donde verdaderamente se exponen los rasgos más básicos de ese sentido.

Este libro ha venido a reforzar conceptos clave que, desde que desarrollo mi actividad como médico y como cirujano, no he perdido jamás de vista. En el momento en que, tras años de sacrificio extremo y dedicación absoluta a los demás, justo en el momento de finalizar su formación y poder empezar una vida brillante, aparece súbitamente una enfermedad como es el cáncer en estadio avanzado.

Vivimos nuestra vida siempre tratando de ser ajenos a la enfermedad, o de que ella nos sea ajena, en parte por la creencia ubicua de que las desgracias les ocurren a otros. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, la enfermedad es una propiedad esencial de la vida, nos hace a todos iguales, en su generalidad a todos afecta, y en un momento u otro, a todos nos lleva a nuestro final. Y lo que es aún más importante, es en la dualidad de la vida y la muerte, en la contraposición del inicio y el fin, donde verdaderamente tamizamos nuestros actos para decidir cuáles verdaderamente nos hacen felices. A veces la tragedia de la enfermedad es llegar a comprender cuán sumamente lógico es que ocurra.

Ante un diagnóstico de cáncer de pulmón, de modo aplastante, nuestra vida y sus cimientos más robustos, comienzan a tambalearse, ante la gravedad de la noticia, pero sobretodo ante la impredicibilidad y fragilidad del horizonte que se asoma. Y es entonces cuando debemos poner en marcha la relación médico-paciente; una relación  que desde ese mismo momento absorbe la mayor parte de nuestro interés, nuestra confianza y nuestros temores. El médico se convierte en la persona que tiene la clave para llevarnos por el mejor camino, aquel que nos aporte un mayor beneficio, en ocasiones la curación, pero en otras ocasiones el médico no podrá ser eso, si bien deberá ser la persona que pueda guiarnos y acompañarnos en nuestro camino. Camino totalmente diferente al previsto, al soñado, al imaginado, pero no necesariamente peor camino. Camino en el que debemos ser capaces de preguntarnos, ¿qué es aquello que da sentido a nuestra vida?

El autor del libro y su mujer deciden entonces tener una preciosa hija. De este modo convierten un panorama inicialmente desalentador, yermo y aparentemente sin opciones; en fuente de vida, renovando así el ciclo con el que se iniciaron sus vidas. Así consigue convertir la desesperanza inicial en fuente de nueva vida. El autor se da cuenta de cuántas veces ha participado de dicha relación desde el sillón de enfrente, y de cómo sus pacientes se enfrentaron a esa relación con la búsqueda del sentido de su vida ante la posibilidad de la muerte.

¿Es una vida de creciente desarrollo profesional aquello que nos da sentido? ¿Es acaso una vida dedicada a buscar los límites aquello que nos llena? ¿Quizás una vida dedicada a los pequeños momentos? ¿O acaso una vida llena de amor, familia y amistad? Probablemente sea un poco de cada opción y otras muchas, pero sobretodo existe una respuesta para cada persona, y en ocasiones sólo ante la posibilidad de que acabe seamos capaces de darnos cuenta.

Nosotros estamos aquí para ello: queremos ser quien ayude a nuestros pacientes a hacerse esa pregunta. Queremos ahondar en los porqués, para así poder ayudar a encontrar respuestas. Queremos ser los depositarios del sufrimiento de nuestros pacientes, pero también de sus alegrías, sus ilusiones, sus esperanzas y sobretodo, estar junto a ellos en el momento en que, no importa cuánto quede por delante o si existe curación o no, descubran cuál es el sentido último de sus vidas.  

Carlos Gálvez

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