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¿Cuánto pulmón me tienen que quitar en la operación? ¿El pulmón luego se regenera?

Uno de los dilemas más importantes con el que lidiamos a diario en Cirugía Torácica cuando se realiza cirugía oncológica es por un lado ser lo suficientemente amplios y radicales para que las operaciones sean seguras desde el punto de vista oncológico, y por otro, intentar preservar al máximo la mayor cantidad de pulmón para mermar lo menos posible la función respiratoria y la calidad de vida.

En este contexto tienen indicación las técnicas broncoplásticas o de resección y recostrucción bronquial, que se definen como aquellos procedimientos quirúrgicos que implican la resección de bronquios principales, lobares o segmentarios, asociando o no resección pulmonar, con la finalidad de evitar resecciones de mayor cantidad de pulmón, fundamentalmente una neumonectomía (resección del pulmón entero). Los tipos principales son la resección en cuña con sutura directa (wedge) o en manguito (sleeve), lo que implica una desconexión total de los bronquios y anastomosis (sutura) término – terminal (de los extremos) del árbol bronquial.

Las causas más frecuentes por las que se llevan a cabo estas técnicas son los tumores, fundamentalmente en la cirugía del cáncer de pulmón, y las estenosis (estrecheces) benignas de causa inflamatoria, postoperatoria o por cuerpos extraños. Además, existe un grupo reducido de pacientes con la función respiratoria disminuida en los que el uso de estas técnicas es obligatorio o “de necesidad”, puesto que no toleran resecciones más amplias (neumonectomía). El pulmón no se regenera tras una resección, con lo que siempre se debe ejecutar la menor resección oncológicamente segura, implicando en bastantes ocasiones una técnica broncoplástica (entre el 5 – 10% de las resecciones pulmonares).

La selección de los pacientes candidatos viene determinada por las pruebas de imagen (tomografía computerizada (TC) y tomografía por emisión de positrones (PET-TC)) que permiten una valoración del componente extrabronquial del tumor y un correcto estudio de extensión, y por la fibrobroncoscopia, que delimita la afectación intrabronquial definiendo el tipo de broncoplastia a realizar.

Respecto al abordaje quirúrgico, clásicamente era necesario el empleo de toracotomías (apertura del tórax). Actualmente, estas técnicas se ejecutan mediante un “abordaje mínimamente invasivo” con únicamente una herida de unos 4 – 5 centímetros y la ayuda de una cámara de vídeo e instrumental específico. En esto CITMIA tampoco es una excepción.

Tras la revisión de los resultados en la literatura de estas técnicas hay que destacar que tienen las mismas complicaciones, la misma mortalidad operatoria y la misma supervivencia a largo plazo que las resecciones pulmonares estándar. Cuando se comparan con la neumonectomía es dónde se encuentran mejores resultados, debiendo evitar siempre estas resecciones tan extensas que constituyen “una enfermedad en sí mismas”.

Como conclusión, las técnicas broncoplásticas deben realizarse “siempre” para evitar resecciones mayores, dependiendo de la experiencia del equipo quirúrgico la identificación de los pacientes candidatos, el abordaje operatorio y los resultados tras la intervención.

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